Cuando dejamos de estar presentes en nuestra propia vida
Vivir en piloto automático puede ayudarnos a seguir adelante, pero también puede alejarnos de lo que sentimos, necesitamos y queremos.
Hay días que parecen repetirse.
Nos levantamos, trabajamos, estudiamos, atendemos pendientes, respondemos mensajes, resolvemos problemas y cumplimos con nuestras responsabilidades.
Y cuando finalmente termina el día, podemos descubrir algo extraño: No recordamos haber estado realmente presentes en él.
No necesariamente estamos mal. Tampoco existe siempre un problema concreto que podamos señalar. Simplemente sentimos que estamos funcionando.
Cuando hacer se vuelve más fácil que sentir
El piloto automático puede aparecer cuando tenemos demasiadas cosas que atender.
Nuestra mente aprende rutinas, anticipa tareas y encuentra maneras de hacerlas con el menor esfuerzo posible. Esto puede ser útil: no necesitamos pensar conscientemente en cada pequeña decisión de nuestra vida.
El problema aparece cuando esa manera de funcionar comienza a extenderse también a nuestra vida emocional. Seguimos haciendo lo que tenemos que hacer, pero dejamos de preguntarnos cómo estamos.
Aceptamos compromisos sin revisar si tenemos energía.
Continuamos relaciones sin preguntarnos cómo nos sentimos dentro de ellas. Tomamos decisiones porque “es lo que toca”.
Y poco a poco podemos acostumbrarnos a vivir respondiendo a las circunstancias, en lugar de participar conscientemente en nuestras propias decisiones.
¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste qué necesitas?
A veces estamos tan acostumbrados a atender obligaciones y necesidades ajenas que dejamos nuestras propias necesidades para después.
Después descansamos.
Después hablamos.
Después hacemos algo que disfrutamos.
Después pensamos qué queremos.
Pero ese “después” puede prolongarse durante mucho tiempo.
Por eso puede ser útil detenernos de vez en cuando y hacernos preguntas sencillas:
¿Cómo me siento últimamente?
¿Qué cosas de mi vida todavía disfruto?
No son preguntas que necesariamente tengan una respuesta inmediata. Su valor está también en ayudarnos a recuperar el contacto con nosotros mismos.
Estar presentes no significa vivir sin responsabilidades
Salir del piloto automático no significa abandonar nuestras obligaciones, cambiar radicalmente nuestra vida o cuestionar cada decisión.
Significa recuperar pequeños espacios de conciencia dentro de lo cotidiano.
Comer prestando atención a lo que estamos haciendo.
Escuchar realmente una conversación.
Reconocer que estamos cansados en lugar de exigirnos continuar.
Preguntarnos por qué estamos aceptando algo antes de responder.
Permitirnos disfrutar algo sin sentir que primero tenemos que terminar todo lo pendiente.
Son acciones pequeñas, pero pueden recordarnos que nuestra vida no está formada únicamente por aquello que tenemos que hacer.
Volver a estar aquí
Quizá una de las señales más importantes no sea sentir que estamos haciendo demasiado, sino descubrir que hace tiempo que dejamos de preguntarnos cómo estamos.
El piloto automático puede ayudarnos a atravesar momentos exigentes. Pero no debería convertirse en nuestra única manera de vivir.
Porque vivir no consiste solamente en cumplir, resolver y continuar. También implica detenernos lo suficiente para escucharnos.
A veces recuperar nuestra presencia no requiere hacer grandes cambios. Puede comenzar con algo mucho más sencillo:
detenernos un momento y preguntarnos, con honestidad, cómo estamos viviendo nuestra propia vida.
Y quizá, por primera vez en mucho tiempo, quedarnos a escuchar la respuesta.
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