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Cuando el sufrimiento ya no encuentra palabras

Foto del escritor: Alfonso Jiménez
Alfonso Jiménez
9 sept
3 min de lectura

Hablar de suicidio también es hablar de dolor, soledad y de la posibilidad de pedir ayuda


Hay sufrimientos que aprendemos a esconder muy bien.


Seguimos trabajando. Contestamos mensajes. Hacemos las compras. Cumplimos con nuestras responsabilidades. Incluso podemos reírnos, conversar y aparentar que todo está en orden.


Y, sin embargo, por dentro puede estar ocurriendo algo muy distinto.


Hay personas que llevan mucho tiempo sintiéndose profundamente cansadas, solas, desesperanzadas o atrapadas en una situación que parece no tener salida.


A veces encuentran palabras para decirlo.


A veces solamente dicen: “Ya no puedo más.”


Por eso hablar de suicidio no debería comenzar únicamente cuando una persona está en una crisis. También puede comenzar mucho antes: hablando del sufrimiento, de la desesperanza, de la soledad y de esas experiencias que muchas veces creemos que tenemos que soportar en silencio.



Hay dolores que no siempre se ven


Uno de los aspectos más difíciles del sufrimiento emocional es que no siempre resulta evidente para quienes están alrededor.


Una persona puede continuar con su vida cotidiana mientras atraviesa una experiencia interna profundamente dolorosa.


Puede cumplir con su trabajo y sentirse vacía.


Puede estar acompañada y sentirse completamente sola.


Puede querer a su familia y, al mismo tiempo, experimentar un cansancio que le resulta difícil explicar.


Estas ideas pueden hacer que el sufrimiento permanezca oculto durante mucho tiempo.


Y cuando no encontramos un espacio seguro para hablar de lo que nos pasa, aquello que duele puede comenzar a sentirse todavía más pesado.



Hablar de suicidio no es hablar de una elección sencilla


Cuando una persona piensa en morir, no necesariamente está expresando un deseo simple de dejar de existir.


Puede existir una sensación de atrapamiento.


De agotamiento.


De desesperanza.


De no encontrar una salida.


De creer que las cosas no van a cambiar.


Por eso resulta tan importante evitar explicaciones simplistas.


No ayuda decir que alguien “lo tiene todo para estar bien”.


Tampoco ayuda reducir su experiencia a una falta de voluntad, una búsqueda de atención o una incapacidad para afrontar la vida.


El sufrimiento psicológico puede ser profundamente real incluso cuando desde afuera no conseguimos comprenderlo.


Escucharlo no significa aprobar cualquier decisión. Significa reconocer que detrás de una persona que está sufriendo existe una experiencia que merece ser tomada en serio.



Preguntar también es una forma de cuidar


Existe un temor frecuente: pensar que preguntar a alguien si ha pensado en suicidarse puede introducir una idea que antes no estaba presente.


Cuando realmente nos preocupa alguien, podemos preguntar con claridad y sin dramatismo:


“¿Has pensado en hacerte daño o en suicidarte?”


Preguntar no significa poner palabras en la boca de alguien.


Significa abrir una puerta.



Escuchar no significa tener todas las respuestas


Cuando alguien nos habla de un sufrimiento profundo, es comprensible que queramos solucionar inmediatamente aquello que está ocurriendo.


Queremos convencerlo de que las cosas mejorarán.


Recordarle todo lo bueno que tiene.


Decirle que debe pensar en su familia.


Encontrar rápidamente una explicación.


Pero a veces lo más importante al principio no es encontrar la frase perfecta.


Es permanecer presentes.


Escuchar sin juzgar.


Y ayudarla a acercarse a una red de apoyo y a atención profesional cuando sea necesario.



No tenemos que esperar a estar al límite


Quizá uno de los mensajes más importantes sea este: No es necesario llegar a querer morir para pedir ayuda.


Podemos buscar acompañamiento cuando llevamos semanas sintiéndonos profundamente agotados.


Cuando dejamos de encontrar sentido a lo cotidiano.


Cuando comenzamos a aislarnos.


Cuando sentimos que somos una carga.



Si esto tiene que ver con usted


Si en algún momento ha sentido que no quiere continuar, que la vida se ha vuelto insoportable o que está pensando en hacerse daño, no tiene que enfrentar ese momento en soledad.


Busque a una persona de confianza y dígale con claridad lo que está ocurriendo.


Acérquese a un profesional de salud mental o a un servicio de atención en crisis.


Y si considera que existe un peligro inmediato, busque atención de emergencia de manera inmediata.


Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es reconocer que el sufrimiento ha llegado a un punto en el que necesita ser acompañado.


Significa hablar con humanidad.


Si te interesa trabajar esto en un espacio terapéutico, puedes agendar una sesión aquí.




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