top of page

Cuando el mañana empieza a doler hoy

Foto del escritor: Alfonso Jiménez
Alfonso Jiménez
26 ago
2 min de lectura

Ansiedad anticipatoria: vivir preocupados por lo que todavía no ocurre


Hay preocupaciones que pertenecen al presente. Algo está sucediendo y tenemos que responder.


Pero hay otras que aparecen mucho antes de que ocurra aquello que tememos.


  • Todavía no ha sucedido la conversación.

  • Todavía no conocemos el resultado.

  • Todavía no llega el lunes.

  • Todavía no sabemos qué va a pasar.


Y, sin embargo, nuestro cuerpo ya está tenso. La mente ya está imaginando escenarios.


Ya estamos ensayando respuestas para problemas que quizá nunca tendremos que enfrentar.


¿Tu futuro comienza a ocupar emocionalmente el presente?



Cuando preocuparse parece una forma de prepararse


Anticiparnos a lo que puede ocurrir no es, en sí mismo, algo negativo.


La capacidad de prever consecuencias nos permite planear, tomar precauciones y prepararnos para situaciones difíciles.


El problema aparece cuando la anticipación deja de ayudarnos a prepararnos y comienza a mantenernos en alerta.


Entonces podemos pasar mucho tiempo preguntándonos:


  • ¿Y si algo sale mal?

  • ¿Y si no puedo manejarlo?

  • ¿Y si me equivoco?

  • ¿Y si ocurre algo que no estoy preparado para enfrentar?

  • ¿Y si después es demasiado tarde?


La mente busca una certeza que el futuro todavía no puede ofrecer.



El futuro también puede sentirse en el cuerpo


La ansiedad anticipatoria no ocurre solamente en nuestros pensamientos, también se siente en el cuerpo:


  • tensión muscular;

  • aceleración del ritmo cardíaco;

  • sensación de inquietud;

  • dificultades para conciliar el sueño;

  • molestias gastrointestinales;

  • cansancio;

  • dificultad para concentrarnos.


Es como si nuestro organismo estuviera preparándose para una amenaza que todavía pertenece al futuro.


Sin embargo, pensar más no siempre significa estar más preparados. A veces solamente significa estar más cansados.



Cuando intentamos controlar lo que todavía no existe


Una de las dificultades es que no podemos conocer completamente el futuro.


Podemos tomar decisiones.


Podemos hacer planes.


Podemos reducir algunos riesgos.


Pero siempre habrá variables que escapan de nuestro control.


Cuando necesitamos certeza absoluta antes de avanzar, cualquier incertidumbre puede convertirse en una fuente de ansiedad.


Y entonces comenzamos a revisar.


A preguntar.


A imaginar.


A comprobar.


A buscar información.


A pensar nuevamente.


No necesariamente porque exista una solución que no hemos encontrado, sino porque estamos intentando alcanzar una certeza que quizá no sea posible.


Pero, una pregunta sencilla puede ayudarnos a observar este proceso:


¿Cuánto tiempo de mi presente estoy entregando a acontecimientos que todavía no han ocurrido?




Pensar en el futuro es necesario.


Lo que podemos aprender es a relacionarnos de otra manera con aquello que todavía no sabemos.


Podemos preguntarnos:


¿Esto que estoy pensando requiere una acción ahora o solamente estoy intentando obtener certeza?


Si existe algo que podemos hacer, podemos hacerlo.


Si no existe una acción disponible en este momento, quizá el siguiente paso sea aceptar que todavía no tenemos una respuesta.



Para cerrar


Quizá una de las tareas más difíciles de la ansiedad anticipatoria sea recordar que el futuro todavía no nos está ocurriendo.


Hay cosas que tendremos que enfrentar cuando lleguen.


Y probablemente encontraremos entonces recursos que hoy todavía no sabemos que tenemos.


No necesitamos resolver mañana esta mañana.


A veces basta con preguntarnos:


¿Qué necesita de mí este momento?


Y permitir que el futuro llegue cuando le corresponda.


Si te interesa trabajar esto en un espacio terapéutico, puedes agendar una sesión aquí.



Comentarios


bottom of page