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La soledad de estar acompañado: cuando tener gente cerca no significa sentirse conectado

Foto del escritor: Alfonso Jiménez
Alfonso Jiménez
12 ago
2 min de lectura

Puedes tener una familia.

Una pareja.

Amigos.

Compañeros de trabajo.

Cientos de contactos en el teléfono y redes sociales.


Y, aun así, sentirte solo.


A veces la soledad no ocurre cuando estamos físicamente solos. Puede aparecer en medio de una conversación, durante una reunión familiar o incluso al lado de alguien que queremos.


Porque estar acompañado y sentirse acompañado no son necesariamente la misma experiencia.


¿Qué significa sentirse solo?


La soledad no se define únicamente por la cantidad de personas que tenemos alrededor. Desde una perspectiva psicológica, tiene que ver con la percepción de desconexión entre los vínculos que mantenemos con los demás y la conexión emocional que necesitamos.


Por eso, una persona puede tener una vida social aparentemente activa y experimentar una profunda sensación de soledad. No necesariamente falta gente.


A veces falta la sensación de poder ser visto, escuchado, comprendido y aceptado dentro de esos vínculos.


Cuando hablamos, pero no nos sentimos escuchados o comprendidos


Una de las formas más silenciosas de desconexión ocurre cuando podemos hablar con muchas personas, pero sentimos que no podemos hablar realmente de lo que nos sucede. Nos sentimos aislados, rodeados de gente.


Podemos decir:


  • “Estoy bien”.

  • “Todo tranquilo”.

  • “Ha sido una semana pesada”.


Pero debajo de esas frases puede existir algo que no encuentra espacio para expresarse.


A veces no necesitamos más conversaciones. Necesitamos conversaciones en las que podamos mostrarnos de manera auténtica.


La soledad también puede aparecer dentro de una relación


Es posible sentirse solo estando en pareja.


También dentro de una familia.


Incluso con los amigos de toda la vida.


Esto puede resultar especialmente confuso porque aparece una pregunta difícil:


“Si tengo a alguien a mi lado, ¿por qué me siento así?”


La respuesta no necesariamente implica que la relación esté mal o que las personas que nos rodean no nos quieran.


Puede existir una distancia entre la cercanía física y la intimidad emocional.


Podemos compartir tiempo, responsabilidades, actividades e incluso proyectos, pero no necesariamente compartir aquello que ocurre en nuestro mundo interno.


¿Por qué podemos desconectarnos de los demás?


La desconexión emocional puede tener diferentes raíces.


En algunas personas puede relacionarse con experiencias previas de rechazo, abandono o dificultad para confiar. En otras, con el aprendizaje de que expresar necesidades emocionales es una forma de vulnerabilidad que debe evitarse.


Y en ocasiones sucede algo más sencillo:


nos acostumbramos a funcionar sin preguntarnos cómo estamos.


Seguimos trabajando.


Contestamos mensajes.


Cumplimos responsabilidades.


Vemos personas.


Pero dejamos poco espacio para preguntarnos qué necesitamos realmente de nuestros vínculos.


¿Cuándo conviene pedir ayuda?


Sentirse solo ocasionalmente forma parte de la experiencia humana.


Sin embargo, cuando esta sensación se vuelve persistente, genera sufrimiento o comienza a acompañarse de tristeza, ansiedad, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales o dificultades para funcionar cotidianamente, puede ser importante buscar apoyo profesional.


Para cerrar


Quizá la pregunta no sea:


“¿Cuánta gente tengo alrededor?”


Sino:


“¿Con quién puedo sentirme realmente acompañado?”


Porque a veces la soledad no consiste en estar sin nadie.


Consiste en sentir que, aun teniendo personas cerca, no encontramos un lugar donde podamos ser verdaderamente nosotros mismos.


Y reconocerlo no es un fracaso.


Puede ser el comienzo de una conversación importante con nosotros mismos y con los demás.


Si te interesa trabajar esto en un espacio terapéutico, puedes agendar una sesión aquí.


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