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Vivir en la incertidumbre: el cansancio de no saber qué viene después

Foto del escritor: Alfonso Jiménez
Alfonso Jiménez
hace 3 días
2 min de lectura

Hay momentos en los que no saber qué va a pasar pesa tanto como enfrentar aquello que tememos.


Vivimos buscando cierta estabilidad. Queremos saber si las cosas saldrán bien, si tendremos trabajo, si nuestras relaciones permanecerán, si los proyectos que imaginamos podrán realizarse.


Necesitamos, de alguna manera, sentir que tenemos un rumbo.


Sin embargo, la vida no siempre ofrece respuestas.


Hay decisiones que tardan en resolverse, situaciones que cambian sin previo aviso y preguntas para las que todavía no tenemos una explicación. Y cuando la incertidumbre se prolonga, puede convertirse en una fuente de desgaste emocional.


A veces, el cansancio no proviene únicamente de lo que estamos viviendo, sino del esfuerzo constante por anticipar lo que podría suceder. Pensamos en distintos escenarios, imaginamos dificultades, buscamos señales y tratamos de prepararnos para situaciones que quizá nunca ocurran.


Nuestra mente permanece ocupada intentando encontrar certezas donde todavía no las hay.


Pero no podemos vivir permanentemente preparándonos para lo que podría salir mal.


Aprender a convivir con la incertidumbre no significa dejar de preocuparnos, renunciar a nuestros proyectos o adoptar una actitud indiferente. Significa reconocer que hay aspectos de nuestra vida que podemos atender y otros cuyo desenlace no está bajo nuestro control.


Quizá podamos comenzar por distinguir entre lo que necesitamos resolver hoy y aquello que todavía no tiene respuesta. También podemos permitirnos descansar de las preguntas, reconocer nuestro cansancio y buscar apoyo cuando la preocupación comienza a ocupar demasiado espacio en nuestra vida.


No siempre necesitamos tener todo claro para dar el siguiente paso. A veces, basta con reconocer dónde estamos y atender aquello que sí podemos hacer en el presente.


Porque vivir también implica avanzar sin tener todas las respuestas. Y quizá una parte de nuestra tranquilidad consista en dejar de exigirnos certezas que la vida no siempre puede ofrecernos.


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