La incertidumbre puede convertirse en una fuente de desgaste emocional cuando intentamos anticipar constantemente lo que podría suceder. En esta reflexión exploramos cómo la necesidad de encontrar certezas puede alimentar la preocupación y el cansancio, y por qué aprender a distinguir entre aquello que podemos controlar y lo que no depende de nosotros puede ayudarnos a recuperar la tranquilidad y avanzar desde el presente.