Reconocer que hemos causado daño puede ser una de las experiencias más incómodas de la vida. En este artículo reflexionamos sobre la diferencia entre culpa y responsabilidad, la importancia de reconocer nuestras acciones sin justificarlas y lo que significa reparar cuando pedir perdón no basta. Porque asumir nuestra parte no cambia lo ocurrido, pero sí puede transformar lo que hacemos a partir de ello.